Parcial Domiciliario

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Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery, New York

 

Denotación

Una niña de aproximadamente 4 o 5 años, con una remera a rayas raída y sucia se encuentra cruzada de brazos, donde muestra en su muñeca derecha un reloj de adulto, junto con una expresión dura, ojos llorosos, cabellos despeinados y rostro sucio. En el fondo hay una vidriera que exhibe guantes blancos acompañados por sus etiquetas y precios. La niña en el centro de la foto en un tamaño desde la cintura, mira fijamente a cámara.

Objetos y espacio      

El reloj funciona como símbolo de la madurez necesaria, impuesta y consciente que la niña adopta en su postura frente a su realidad. Se impone en el medio de la fotografía, grande, pesado y firme como marca imborrable y dolorosa cuya dueña nos impone que percibamos.

La remera sucia y rota resignifica su juventud quebrantada, signo y rastro de los actos y sucesos que tuvo que pasar para mantenerse en la templanza que manifiesta frente a la cámara.   El tramado rayado de la misma, con su dimensión predominante longitudinal indica estabilidad e inocencia al mismo tiempo, continuidad que se ve interrumpida por la suciedad y las roturas en una constante dialéctica de debilidad-fuerza.

El espacio, propiamente dicho la vidriera que se encuentra a sus espaldas, se alza como grandilocuencia del propio sistema capitalista, las etiquetas con los precios junto a los guantes limpios, blancos, grandes y elegantes que  se exponen frente al vidrio como culpable de la persona que se encuentra del otro lado. Causa y consecuencia separados por un vidrio, donde los guantes son objeto del burgués cuya presencia se materializa por sus símbolos estereotipados (etiquetas, vidriera, guantes).

Pose

La postura erecta y los brazos cruzados connnotan la intención imperiosa de la niña de mostrar su fuerza, su autosuficiencia, una búsqueda por el reconocimiento de “sigo aquí, yo puedo” que a su vez se yuxtapone y contradice con su pequeñez, sus ojos llorosos, su cuerpo sucio (marcado) que solo puede exponer su vulnerabilidad, su cansancio y su dolor. Esta lucha dialéctica entre sus brazos, su torso y su mirada representa en la fotografía la gran consecuencia que ningún citadino que pase por esa calle ese día querría presenciar, la niñez corrompida, la madurez temprana y la realidad de una niña que no debería llorar como un adulto y sin embargo lo hace en el centro del encuadre.

Por otro lado, casi oculta, la mano izquierda cae, si sus brazos manifiestan la fuerza esa mano debería estar agarrada a su cintura o debería ser un puño bien cerrado, sin embargo se encuentra débil y caído reforzando la marca de la fatiga y la dialéctica de una lucha-rendición.

Fotogenia

La altura de la cámara es la altura de la niña, la altura de su realidad, con la que ve el mundo y con la que lo enfrenta día a día, no se oculta y la muestra en un tamaño de plano medio, no solo expresivo sino también descriptivo, ya que aquí la expresividad y la emoción no es necesaria de intensificar por el recurso técnico, está ahí, presente e impuesto por la niña. En este caso el carácter expresivo-descriptivo genera una frialdad y una dureza que refuerza la pose y busca objetivizarla para remarcar lo reiterante y no único de ella: “no es solo esta niña, hay muchos más en la misma situación que ella” .  A su vez, la angulación normal contribuye a esta idea de realidad confrontación objetiva y cruda de una realidad que no necesita una sensibilidad técnica para decir lo que quiere.

El encuadre coloca a la niña en el centro de la fotografía, en su mayor amplitud, ya que ella es todo lo que hay que ver, la declaración de sobrevivencia (su mirada, su pose, sus brazos cruzados) tiene su mayor poder allí, centrada y directa ocupando el mayor lugar posible sobre el fondo que la ha castigado. El encuadre cerrado intensifica sus piernas fuera de campo, el imaginario de su calzado deteriorado, o la misma posible desnudez de sus pies, sus rodillas lastimadas, la vulnerabilidad de su tamaño completo frente al tamaño de los guantes y la grandilocuencia de la vidriera.

La iluminación natural del día expone el personaje en un clima diario, rutinario, para que todos la puedan ver cuando pasan o cruzan la calle en camino a sus trabajos o negocios. La misma sensación de la mañana o mediodía representan por un lado lo repetitivo y cotidiano ya mencionado pero a su vez impone la escena en una crueldad presente e inevitable, es imposible no verla allí, a plena luz del día.

Los procedimientos de trucaje y esteticismo no son utilizados para reforzar la connotación de esta fotografía, el primero sobre todo porque era en parte desconocido e inexplorado por la fotógrafa y el segundo porque el embellecimiento y atracción generado por un posible esteticismo reduciría la idea de “cruda y fiel realidad” que connota la imagen. La realidad crítica de un capitalismo cruel no es bella ni atractiva y no debe serlo para exponer a la niña en su sobrevivencia.

Procedimientos compositivos

Con respecto a la composición de los elementos en el encuadre, la trama longitudinal de la remera de la niña en el centro de la imagen, (junto con su suciedad y roturas) se yuxtapone con la localización lateral de los guantes blancos, limpios y lisos generando una confrontación (siguiendo la línea de esta idea mencionada de causa-consecuencia) de qué se impone sobre qué, siendo la pobreza, la infancia y la víctima la que presenta su predominancia sobre lo “limpio y puro” de la burguesía capitalista. Este recurso se repite en la relación de todos los elementos del otro lado del vidrio y la niña: Cabello despeinado-guantes planchados, limpieza-suciedad, etc.

Sintaxis

Las líneas longitudinales de la remera se ven interrumpidas no solo con su relación con los guantes, sino también geométricamente con la forma circular del reloj en el centro. La niñez interrumpida acelerada por el tiempo moderno, el signo de la adultez impuesta (simbolizada por el reloj y la posición de los brazos cruzados) en contraste con la remera sucia de la niña que representa su juventud.

Al mismo tiempo, la sintaxis entre los dos lados de la vidriera, lo limpio, consumista, sofisticado, el confort y satisfacción que representa el interior de un comercio (para una mentalidad capitalista de clase media alta) en comparación crítica con la calle, la suciedad de la niña, la pobreza y la marginalidad. La brecha social está connotada en esta dialéctica.

Las manos sucias y pequeñas chocan a su vez con los grandes guantes blancos que refuerzan aún más la relación de poder que el burgués busca imponer sobre la niña, aunque ella luche por su misma presencia.

Presenta una sintaxis alotópica entre los dos lados de la vidriera, por un lado tenemos los guantes limpios, planchados y finos exhibidos con sus precios de forma atractiva y comercial que choca alotópicamente con la niña. sucia, lastimada, despeinada, con la remera rota y una expresión para nada simpática o atractiva, sino dura, crítica y triste. Vemos simbolizados (reiterando la idea desarrollada) los dos lados del capitalismo, el interior de un comercio con sus engaños y atracciones y la calle que denota la marginalidad, la explotación laboral, la marginalidad, etc.

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